VERDADERAS FERIAS DE LIBROS
Me gusta mucho visitar las Ferias de Libros. Pero no esas ferias modernas con sus libros relucientes, sino más bien las VERDADERAS FERIAS DE LIBROS. ¿Te das cuenta de qué tipo de Feria estoy hablando? Aquellas Ferias de largos tablones de madera repletos de libros. Todo es un revuelto, casi un insulto para el libro, pero, sin duda, es un magnífico paisaje para tus ojos.
Si tenés un poco de suerte, en esas ferias también encontrás cajas atiborradas
de ellos (justamente porque en las mesas ya no hay más lugar). ¿Alguna vez
escuchaste hablar de “Cofres del Tesoro”? Bueno… esas cajas se le parecen mucho.
Un día cualquiera, me topo con una de esas Ferias. Estaba repleta de libros –no viejos- más bien de dueño previo (muchos dueños previos) Qué bonitos se veían todos esos libros, con sus hojitas amarillas y sus olores a estantes de madera. Ni lo pensé, me detuve ahí mismo. Miré, hojeé, compré y luego sólo los guardé. (Porque otra cosa que me gusta mucho hacer, es comprar libros y guardarlos para leerlos cuando “sea el momento justo”.)
Años después, un día cualquiera, “de paseo” por una librería me encuentro con un libro de Ken Follett. Sinceramente no recuerdo el título, sólo recuerdo haber pensado claramente: “tantas veces que escuché de éste autor y nunca leí nada de él. Debería hacerlo”. Pero devolví el libro a su estante y, en su lugar, volví a casa con Kafka.
Hace pocos días me dispongo a desempolvar mi librero, y entre esos pequeños de antaño “nacidos” de Verdaderas Ferias de Libros me encuentro con una tremenda sorpresa.
Sin saberlo, un impulso en el pasado me preparaba “el momento justo” para el futuro.
-Hola Ken Follett, creo es momento de pasar un tiempo juntos.

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